Apuntes de la segunda parte de la master-class de Angélica Olvera,
El siglo XXI tiene unas necesidades y unas características, y cuando queremos resolverlas con maneras del siglo pasado, entonces no estamos honrando los tiempos.
La adolescencia es la etapa donde se cristaliza la personalidad. Somos producto de una generación que no podemos negar ni salir. Llamamos Social Generacional a la década en que uno tiene 15 años. Así en pedagogía sistémica es habitual llamar “cinquenteros, sesenteros, setenteros, ochenteros, noventeros y dosmileros” en función de la década en la uno tiene 15 años.
Por ejemplo la película “Rebelde sin causa”, define muy bien a la generación cinquentera. Años de represión, angustia y post guerra que dieron paso a los sesenteros con su confrontación al sistema, la década del no, no, no. Para pasar al Peace and Love, a la dispersión, a todo lo haremos entre todos, al todo es posible, de los setenteros.
De los individualistas ochentenos, con el “A quien le importa….de Alaska”; obedientes y eficientes tenemos el legado de la caída del Muro de Berlín (1989). El subliminal era “el sufrimiento de aquí no pasa”; y no pasó; la historia ya no sé mira igual. Desde entonces las futuras generaciones ya no la ven de la misma manera. Los 60’ dijeron no y sus hijos los 80’ han hecho todos los nos.
Los adolescentes de los 90’ piden dirección, son los hijos de los setenteros (muchas posibilidades..). Los noventeros materializan las posibilidades mediante la era digital. La década de la inmediatez y la expresión de la diversidad. También es la era del auge del SPA y sino que se lo pregunten a la “Macarena”.
La multiculturalidad de los dosmileros, para que perdure la especie. No hay distancias. Ellos son súper eficaces y piensan “no se preocupen, nosotros lo solucionamos”. Es la era de la conexión. Estar interconectados.
Cada generación cumple una función histórica, social y de especie; y lo descrito aquí sólo ha sido un pequeño inciso. Las miradas de cada generación son diferentes y sólo se pueden entender desarrollando una inteligencia trans-generacional.
Cuando miras a través de esta inteligencia la vida es más fácil. Podemos convivir en paz dentro de los sistemas y equipos de trabajo. Y la verdad, mirado así, me da mucha esperanza y siento que formo parte de algo que continua. Gracias Angelica por tus sabios consejos.
Otra mirada: La Social Generacional
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La pérdida de referencias
Los objetivos que nos marcamos suelen ser objetivos netos y no están mediatizados por las circunstancias; muchas veces puedes preverlas pero la mayoría de veces son imprevisibles.
Mantener una estructura mental rígida con respecto a un objetivo, puede hacernos errar frecuentemente en la construcción de ese objetivo, porque los medios para conseguirlo no se mantienen netos, no se desarrollan exactamente igual a como lo planeamos en un inicio, sufren modificaciones, sinuosidades.
Un camino recto, exclusivamente recto es monótono y aburrido. El camino debe tener sinuosidades para que sea atractivo, agradable, y espiritual que nos haga desarrollar nuestras potencialidades.
No nos atemos a conceptos rígidos e inamovibles. La vida, afortunadamente nos depara toda una serie de experiencias que nos sirven para poner en funcionamiento todas nuestras potencialidades. Renunciar a un viaje, porque no sigue el plano trazado en nuestro cerebro, es un error. Todo está ahí para que aprendamos.
Aprendamos de la experiencia de los demás. Observemos las señales del camino. Vivamos de acuerdo a unas normas que pueden ser modificadas constantemente. Pueden y deben serlo, porque sí nos atamos a normas rígidas, cuando estás se modifican, nos encontramos absolutamente perdidos.
No formemos nuestra vida con una estructura tan concreta y tan rígida que no podamos admitir otras formas y otras maneras de ver ese camino que todos juntos debemos recorrer.
Fuente, los manuscritos de Genoom.
Mantener una estructura mental rígida con respecto a un objetivo, puede hacernos errar frecuentemente en la construcción de ese objetivo, porque los medios para conseguirlo no se mantienen netos, no se desarrollan exactamente igual a como lo planeamos en un inicio, sufren modificaciones, sinuosidades.
Un camino recto, exclusivamente recto es monótono y aburrido. El camino debe tener sinuosidades para que sea atractivo, agradable, y espiritual que nos haga desarrollar nuestras potencialidades.
No nos atemos a conceptos rígidos e inamovibles. La vida, afortunadamente nos depara toda una serie de experiencias que nos sirven para poner en funcionamiento todas nuestras potencialidades. Renunciar a un viaje, porque no sigue el plano trazado en nuestro cerebro, es un error. Todo está ahí para que aprendamos.
Aprendamos de la experiencia de los demás. Observemos las señales del camino. Vivamos de acuerdo a unas normas que pueden ser modificadas constantemente. Pueden y deben serlo, porque sí nos atamos a normas rígidas, cuando estás se modifican, nos encontramos absolutamente perdidos.
No formemos nuestra vida con una estructura tan concreta y tan rígida que no podamos admitir otras formas y otras maneras de ver ese camino que todos juntos debemos recorrer.
Fuente, los manuscritos de Genoom.
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